Despertamos a eso de las 9. La noche la he pasado bien, únicamente algo de frío en los pies y en la cara. He dormido con 2 mallas térmicas, los pantalones del chándal, camiseta térmica, chaqueta de lana, calcetines, el super-saco que nos han dejado, un saco pequeño como el de Svalbard, y el gorro...
Dentro de la cabaña hace frío, encendemos la estufa y nos vestimos. Gorro, parca, guantes... todo parece poco para salir. La puerta tiene escarcha por dentro, la manilla está congelada. Al abrirla el vaho entra de forma sorprendente. Salimos. El paisaje es espectacular. Estamos en un valle, cerca de un lago congelado, rodeados de montañas. Los árboles, la cabaña, los caminos... todo está cubierto de blanco. La luz del amanecer hace que la nieve tome un tono rosado, al igual que el cielo, que esta completamente despejado. Admirando el lugar donde nos encontramos vamos caminando por senderos marcados en la nieve hasta el lugar donde vamos a desayunar. Las comidas las hacemos en un lavvo, con un fuego en el centro para mantenernos calientes.
Durante el desayuno conocemos a nuestros otros dos guías, especialistas en mushing. Nos confirman que debido a las condiciones debemos cambiar la ruta. Hace demasiado frío y en los días anteriores ha caído mucha nieve. Esto hace que tengamos que ir abriendo huella durante toda la ruta, con el consiguiente sobre esfuerzo para los perros. En estas condiciones no seriamos capaces de completar los tramos diarios previstos en la expedición Así es que la alternativa es hacer un recorrido por la zona y volver para dormir en la cabaña. Si las temperaturas no son tan bajas al día siguiente intentaremos la ruta.
Después de unas explicaciones sobre la conducción de trineos: cómo posicionarse en las curvas, uso del freno, del ancla, instrucciones a los perros... comenzamos a prepararlos. En cada trineo vamos dos personas, y van tirados por seis perros. El guía nos va indicando qué perro debemos coger y en que posición debemos colocarlo. Colocarles los arneses y las cadenas con las manoplas puestas no es nada fácil. Además, los perros no dejan de moverse y lo de quitarnos las manoplas, con el frio que hace, no entra en nuestros planes. Una vez preparados los trineos, podemos comenzar nuestra ruta.
La salida es espectacular, los perros tiran con muchísima fuerza. El camino es cuesta abajo, enseguida ganamos velocidad. Está lleno de curvas para esquivar los arboles. Voy agarrado con fuerza al trineo, con los pies hago lo posible por mantener el equilibrio en las curvas, aunque también intento buscar el freno... pero no hay manera. Aún no se cómo, pero conseguimos llegar al lago sin caernos. Impresionante, muy divertido. Seguimos nuestra ruta cruzando el lago helado. Es una sensación extraña saber que debajo de ti hay un lago y que una capa de hielo de unos 40 centímetros soporta todo nuestro peso. Continuamos al otro lado del lago, de nuevo entre el bosque a veces aprovechamos los caminos, otras nos salimos de ellos y vamos abriendo ruta en la nieve virgen. No es un paseo tranquilo, ya que con frecuencia hay que colaborar con los perros. En las subidas toca empujar el trineo, en las zonas con mucha nieve también. Es un gran esfuerzo cuando la nieve llega por encima de las rodillas. En los tramos más lentos es bueno bajarse del trineo y correr al lado, así los perros también se toman un descanso. Además viene bien para combatir el frió Si te quedas parado un rato sobre el trineo los pies y las manos comienzan a entumecerse. A medida que va pasando el día el esfuerzo acumulado se nota.
A las 4:30 comienza a anochecer, es hora de volver. Después de colocar a los perros en sus casetas, nos vamos a descansar al lavvo. Cenamos y discutimos el plan para mañana. Los guías nos dan dos opciones: hacer una ruta de ida y vuelta y volver a dormir al mismo lugar, o hacer una ruta de dos días pasando la noche en tiendas de campaña. Tras varias votaciones nos decidimos por la primera opción.
Nos despertamos tempranito porque la ruta que hacemos hoy es larga. Resulta muy curioso ver como los botes que tenemos con agua para beber, las toallitas húmedas, el líquido de las lentillas, la crema de labios... todo está congelado por las mañanas. Bajamos al lavvo para desayunar. De nuevo tenemos un día muy frío estaremos a algo menos de 20 bajo cero, pero soleado. El desayuno consiste en tostadas, mantequilla, mermeladas, patés, galletas, diferentes tipos de fiambre... un desayuno bastante completo. Lo peor del desayuno es que los noruegos nunca calientan la leche, así es que el café con leche resulta un poco frío para un desayuno. Como hoy estaremos el día completo en ruta, preparamos unos bocadillos con el fiambre.
Preparamos los perros. Hoy lo hacemos con más soltura. Ya no tenemos tanto miedo al frío y hasta nos atrevemos quitarnos momentáneamente los guantes para manejar mejor las cadenas de los perros.
Arrancamos, la salida es la misma que la de ayer. Los perros están descansados, la nieve más asentada. La velocidad en las curvas y en las cuestas abajo hacia el lago es mucha y controlar el trineo es complicado. La última bajada al lago termina en curva y... tomamos la curva demasiado abierta, nos salimos de la huella, pierdo el control y salgo disparado del trineo. Por suerte hay mucha nieve sobre el hielo del lago, y a pesar de que doy varias vueltas, no me hago daño. Me levanto, le indico al guía que no me hice daño y continuamos la ruta. Cruzamos el lago, el inicio de la ruta es por el mismo camino que el día anterior. El guía nos va preguntando qué tal vamos, y es que hace mucho frío. Yo tengo frío en los dedos de los pies y de las manos. No puedo dejar de moverme. Atravesamos por un bosque precioso y llegamos a una pista de esquí de fondo, por esta pista vamos subiendo la montaña. Son bastantes metros de subida. Se hace larguísimo porque hay que colaborar mucho con los perros. No se puede andar detrás del trineo, porque la velocidad de los perros cuando me bajo me obliga a correr. Así es que llego arriba agotado. Vemos el lago desde el lado contrario. El paisaje es muy bonito. A partir de aquí dejamos la pista, y vamos abriendo huella. La tendencia es ir cuesta abajo así que no hay que hacer demasiado esfuerzo, aunque siempre hay pequeñas cuestecillas en las que hay que empujar.
Así va discurriendo la ruta hasta que llega la hora de comer. Preparamos un poco la zona, pisando la nieve y colocando pieles de reno para sentarnos encima. Los bocadillos están totalmente congelados, no es fácil comérselos Llevamos varios termos con agua caliente que nos sirve para calentarnos y hacernos algunas infusiones.
Retomamos el camino de vuelta. Ahora el terreno es cuesta arriba, hasta que lleguemos a las pistas. El sol ha bajado bastante y el frío se hace más intenso. A los perros se les nota cansados y cada vez hay que colaborar más con ellos. Acaba siendo agotador porque en cada cuesta los perros terminan por pararse y hay que empujar. El guía decide hacer algunos cambios en los trineos, yo iré solo con menos perros. Por fin llegamos a las pistas de esquí, a partir de aquí el camino es en descenso. Al estar la nieve de la pista bien asentada, y no haber curvas muy cerradas, se puede coger bastante velocidad. Siempre con cuidado porque una caída aquí si que puede ser peligrosa.
Descendemos hasta el lago, lo cruzamos y terminamos nuestra ruta de hoy. Lo que resta de tarde lo pasamos en la cabaña, volvemos al lavvo para cenar y nos vamos a dormir.
Despertamos con una capa de hielo tremenda en la puerta de la cabaña. Hoy hace más frío que ayer, otra vez -27ºC. El plan para hoy es hacer una ruta corta, estar de vuelta pronto para comer y por la tarde ir a visitar la ciudad de Beitostolen.
Nosotros decidimos no hacer la ruta de hoy debido a un problemita físico. Sobre todo pensando en que los próximos días van a ser mucho más duros. Nos ofrecen quedarnos a esperar en la oficina, donde hay calefacción eléctrica, buenos sillones... nos viene muy bien el descanso. Como el día es soleado, aprovechamos para hacer algunas fotos de la zona.
Llegan los compañeros de hacer la ruta y nos vamos a lavvo a comer. Comemos sopa de tomate con pasta y salchichas, las comidas están siendo bastante buenas.
Rápidamente vamos a la cabaña a por las cosas que necesitamos para ir al pueblo. Nos avisan de que podemos ir a la piscina del pueblo, donde podemos darnos un baño si nos apetece. Pero lo más interesante es que podremos utilizar las duchas de las instalaciones, lo que sin duda nos vendrá muy bien.
Vamos en coche al pueblo en dos turnos. Como nosotros vamos en el primero, la guía nos muestra donde está el centro y la piscina. Que queda bastante alejada. Nos deja en el centro mientras va a por el resto. Beitostolen es un pueblo pequeño, pero con mucha gente en esta época del año. Tiene muchas pistas para hacer ski de fondo, lo que atrae a muchos aficionados a este deporte.
Entramos en una cafetería y nos tomamos una café calentito con algunos pasteles. No nos hemos entendido muy bien con el resto del grupo, así que, al final nos toca ir andando hasta la piscina. Esta bastante lejos y el sol comienza a ponerse ya, con lo que hace aun más frío. Casi comenzando el camino nos encontramos con nuestro guía de ski de travesía, viene con toda la cara llena de hielo. Nos cuenta que ha estado viendo el comienzo de la ruta de mañana, le decimos que vamos a la piscina y nos acompaña.
Por fin llegamos, ya es de noche, y aunque el camino se nos ha hecho largo, la ducha de agua caliente merece la pena. Volvemos a las oficinas, ahora ya en coche. Hoy tenemos cena especial. Los guías noruegos han preparado algunos platos típicos de allí y cenaremos en la oficina. Comenzamos con salmón ahumado y marinado. Los dos están buenos. De segundo carne de cerdo con puré de patatas y una salsa de grosellas. De postre mousse de chocolate con natillas y grosellas. Muy rico.
Tras un rato de tertulia, bajamos a dormir a nuestra cabaña.
Este relato forma parte de la Ruta de los Hermanos Amundsen. Se trata de una ruta que combina tres días de esquí de travesía con 3 días de expedición en trineo de perros, en los alrededores de Beitostolen (Noruega). Cerca de macizo montañoso de Jotunheimen, zona en la que los hermanos Amundsen comenzaron su preparación para la realización de rutas polares.
Este es el itinerario de nuestro viaje: