Hoy nos despertamos temprano, a las 7:30. Vamos a realizar el descenso de un cañón. Será algo sencillito, ya que no tenemos experiencia en este tipo de actividades. Hemos quedado en casa de Eduardo para elegir los neoprenos y preparar el material.
Una vez preparado el material, vamos en taxi por la misma carretera de costa por la que fuimos ayer. El punto donde hacemos el cañón está un poco más lejos. El valle por el que discurre el río es paralelo al del trekking. El taxi nos deja en la carretera y caminamos por un estrecho camino que sube por la montaña. Llegamos a un punto en el que tenemos que ayudarnos con las manos para poder seguir subiendo, y después descendemos un tramo bastante empinado que nos lleva hasta el río.
Por fin llegamos. Allí nos equipamos con los neoprenos y los arneses. Eduardo nos da las explicaciones oportunas para realizar el descenso, como usar los mosquetones, las cuerdas, hacer el ocho...
El descenso lo hacemos por un río de poco caudal que discurre por un estrecho y profundo cañón. En las zonas más abiertas la vegetación se hace sitio de forma espectacular. Plantas con hojas gigantes cubren el paisaje y potencian la sensación que tenemos de estar encerrados entre grandes paredes, y obligados a buscar una salida avanzando por el río.
8
18 metros
1h 15 min
200 metros
El descenso consta de 8 rappels, varios de ellos en cascadas. El más alto es de 18 metros. También hacemos un par de descensos en tobogán. En total unos 200 metros de desnivel. No tiene mucha dificultad y es muy divertido. Es una experiencia que intentaremos repetir.
El cañón termina abriéndose y formando un valle. En este punto finaliza el descenso, descansamos y nos cambiamos de ropa para estar secos. A partir de aquí nos queda una pequeña caminata de unos 20 minutos hasta la carretera, donde nos espera nuestro taxi para volver a Ponta do Sol.
Llegamos algo tarde y los sitios que teníamos vistos para comer están ya cerrados. Solo vemos abierto una especie de chiringuito en la zona del puerto, que la verdad no tenía muy buena pinta. Al final decidimos entrar a ver qué tal. Tienen una terraza, con buenas vistas que da al mar... nos convence y nos quedamos. Hemos acertado, comemos langosta, gambas, langostinos, acompañado con un montón de patatas fritas y arroz. Todo, incluyendo un par de buenas birras, por 3290 escudos (unos 33 euros)
Nos tomamos la tarde de relax, dedicándola a tomar el sol en el puerto, pasear por el pueblo, y pensando hacer un cambio de planes... Mañana por la tarde tendríamos que volver a San Vicente, para tener allí un día de playa. Pero esto nos está gustando y vamos a ver si podemos quedarnos en Santo Antao un día más. Se lo comentamos a Eduardo y nos propone dedicar la tarde de mañana a conocer otra parte de la isla, y un trekking para la mañana del día siguiente. Nos parece bien la propuesta, y así lo hacemos. Nosotros avisamos al Foya Branca (hotel donde íbamos a pasar 2 noches en San Vicente) y Eduardo se encarga del resto.
Este relato forma parte de nuestro viaje a Cabo Verde. Un viaje de una semana durante la que visitamos la isla de Santo Antão. Allí, además de conocer la isla, hicimos actividades en la naturaleza como trekkings y barranquismo.
Este es el itinerario de nuestro viaje: