Comenzamos nuestro último día en Santo Antao con un trekking ligero. Esta tarde nos espera un largo viaje de vuelta, así es que no es cuestión de cansarnos. Callejeamos por Ponta do Sol hasta las afueras, pasando por el cementerio. Desde allí seguimos por la carretera que llega hasta la pequeña población de Fontainhas. La estrecha carretera de adoquines discurre por la costa, que en esta zona está formada por bonitos acantilados. En el camino nos cruzamos con gente que va de un pueblo al otro con diferentes mercancías, cestas de pescado, bananas... Vamos parando en los puntos que mejores vistas ofrecen. En uno de ellos podemos ver el pueblecito de Fontainhas. No son muchas más de 30 casas de colores, que parecen colgadas en la pendiente ladera de la montaña.
Desde aquí y controlando la hora, para no perder el taxi que nos debe llevar esta tarde a Porto Novo, volvemos paseando a Ponta do Sol. Allí comemos por última vez en la pizzería, y vamos a la plaza a esperar nuestro taxi.
El camino de vuelta es por la carretera que ya conocemos: Ribeira Grande, el “delgadín”, Espongeiro y finalmente Porto Novo. No son muchos kilómetros, pero la carretera no permite que la van vaya muy rápida, y el viaje se hace largo. En porto Novo compramos los billetes para el Ferry, son 700 escudos por persona. El trayecto hasta Mindelo dura una hora aproximadamente. Y desde Mindelo hasta nuestro hotel, el Foya Branca, otros 30 minutos en taxi.
Llegamos cuando ya está oscureciendo. Tenemos el tiempo justo para dar un paseo, ver el hotel y acercarnos hasta la playa. El hotel está muy bien, es muy moderno. Y las habitaciones tienen salida directa al jardín, y desde allí a la playa. Hubiera estado bien haber llegado un par de horas antes para darnos un baño, pero no ha podido ser. Cenamos en el restaurante del hotel, la cena está incluida en el precio y tienen una buena carta. Es la última cena del viaje, y la primera vez después de días que nos encontramos con estos lujos. Esto nos anima a tomarnos una buena cena y pedir algunos extras como mariscos... Al final no nos cobran el extra de la cena, ni algunas cosas que hemos consumido del mini bar. Queremos suponer que es un detalle por haber pasado en el hotel un día menos de los pagados, y no un despiste del recepcionista.
Nos levantamos a las 5 de la mañana, porque a las 6 debemos estar en el aeropuerto. Volamos a Praia, descansamos allí y aprovechamos los últimos momentos de sol que tendremos antes de volver a España. Volamos hasta Lisboa y con esto damos por finalizada nuestra aventura.
Este relato forma parte de nuestro viaje a Cabo Verde. Un viaje de una semana durante la que visitamos la isla de Santo Antão. Allí, además de conocer la isla, hicimos actividades en la naturaleza como trekkings y barranquismo.
Este es el itinerario de nuestro viaje: