Queríamos preparar para estas Navidades un viaje sencillo, de pocos días y de relax. Pensamos en Cabo Verde por su clima y porque no está a muchas horas de avión. Buscamos un hotel bonito en una de sus islas, y nos preparamos para pasar unos días de sol y playa en pleno invierno. Aunque no disponíamos de muchos días, pensamos que mucha playa nos podría aburrir y comenzamos a buscar actividades que pudiéramos realizar en la zona.
Encontramos por Internet a Eduardo, un español que lleva varios años viviendo allí y que se dedica a organizar trekkings, descenso de barrancos, excursiones... y no nos pudimos resistir. Desestimamos la opción relax, y nos pusimos a organizar la nueva opción. Nuestro destino final ahora era Santo Antao, una isla menos importante y peor comunicada, que no dispone de aeropuerto. Pero que como nos dijo Eduardo y después pudimos comprobar merecía mucho la pena.
No fue nada fácil programarlo todo. Vuelos, ferrys, hoteles y hacerlo todo de forma que pudiéramos aprovechar al máximo los días que estuviéramos allí. Al final las piezas encajaron, íbamos a tener un día de trekking, otro para hacer barranquismo, otro lo dedicaríamos a visitar la zona alta de la isla y otro para descansar en la playa. Muy diferente a la idea inicial, pero mucho más de nuestro gusto.
Comenzamos el año rumbo a Lisboa. El día está nublado y a medida que nos acercamos a Lisboa más lluvioso. Llegamos con facilidad al aeropuerto, que no es muy grande. Facturamos nuestro equipaje, que esta vez es poco, ya que esperamos tener muy buen tiempo. Mientras esperamos la salida de nuestro vuelo aprovechamos para cambiar algo de dinero en escudos caboverdianos.
Por fin volamos a Cabo Verde, a la isla de Praia. Lo primero que notamos al bajar del avión es la excelente temperatura. Es casi la 1 de la madrugada y estamos a 22 grados. Pasamos el control de visados y cogemos un taxi que nos lleve al Hotel Pestana Tropical. Ya es de noche, por lo que poco podemos ver de la isla. Además mañana tenemos que madrugar para continuar el viaje, así es que estamos deseando llegar al hotel para dormir el mayor número de horas posibles.
Nos despertamos temprano porque debemos continuar nuestro viaje. El día está algo nublado, pero tenemos muy buena temperatura. El hotel está bastante bien, se ve limpio y cuidado. Tiene un patio central con piscina alrededor del cual se ubican las habitaciones y otras instalaciones. Parece acogedor, aunque no vamos a tener la oportunidad de disfrutarlo por falta de tiempo. Desayunamos bastante bien en el mismo hotel y cogemos un taxi hacia el aeropuerto. Los taxis no son caros, pero es importante acordar un precio con el taxista antes de subir. Si no se hace el taxista puede caer en la tentación de pedir un precio excesivo por el servicio, y discutir el precio con el servicio ya realizado no es una situación agradable.
Camino al aeropuerto podemos ver algo de la ciudad. No es una ciudad muy bonita, pero la verdad es que el trayecto discurre por las afueras, así es que no hemos visto lo suficiente como para opinar.
Volamos a la isla de San Vicente. Vamos en un avión de hélices, en el que solo vamos 6 pasajeros. El día se ha despejado y es bonito ver la isla desde el avión al despegar. El vuelo es cómodo, y casi sin darnos cuenta vemos que nos estamos aproximando a San Vicente. Desde arriba parece una isla bastante desértica. Antes de ver el aeropuerto vemos el hotel en el que nos alojaremos a la vuelta, con una playa que parece bonita. Aterrizamos y al bajar del avión nos vemos sorprendidos por un fuerte viento que llega a hacer difícil el caminar por las pistas.
Nuestro próximo destino es el puerto de Mindelo, donde hemos quedado con Eduardo para tomar el ferry a Santo Antao. Como habíamos observado desde el avión, la carretera que une el aeropuerto con Mindelo discurre por un terreno bastante árido. La ciudad de Mindelo es bonita, nos gusta mucho más que Praia. En la zona más céntrica podemos ver el ambiente de la ciudad: los mercados de pescado en la calle, las mujeres transportando cestas de frutas sobre sus cabezas, mucho colorido...
Esperamos hasta las 14:30, hora a la que hemos quedado con Eduardo. Aprovechamos para dar un paseo por el puerto. Aunque a veces hace algo de viento, el día está muy agradable. Comemos y en la cafetería del puerto nos encontramos con Eduardo. En seguida sale el ferry que nos llevará hasta Santo Antao. El trayecto dura una hora, hay bastantes olas por el viento y es algo mareante.
10:30
Volamos desde Praia a Sao Vicente, y vamos en taxi a Mindelo
15:00
En Mindelo cogemos un ferry para llegar a Porto Novo, en la isla de Santo Antao
16:15
En una furgoneta-taxi cruzamos la isla por una carretera de adoquines hasta Ponta do Sol
18:00
Llegamos a nuestro hotel Blue Bell en Ponta do Sol.
Llegamos a Porto Novo y desde allí cogemos un taxi van. Tendremos que atravesar la isla para llegar a Ponta do Sol. Solo son unos 25 kilómetros, pero el camino no es fácil. La carretera es adoquinada y está llena de curvas, sube hasta 1400 metros para después volver a descenderlos. La primera parte es bastante árida, no tiene mucho atractivo, pero a medida que ascendemos el paisaje comienza a mejorar.
La isla es muy abrupta, altas montañas y profundos valles en muy pocos kilómetros hacen grandes desniveles. Tanto la zona alta como toda la zona norte de la isla tiene una exuberante vegetación tropical. Pasamos por lo que parecen pequeños pueblos, conformados por no más de 10 o 12 coloridas casas agrupadas en un punto de la carretera. Es sin duda lo más bonito que hemos visto hasta ahora de Cabo Verde. Hacer trekkings y cañones en una zona como esta va a ser espectacular.
Llegamos a Ponta do Sol. Es un pueblo pequeño, de unos 4000 habitantes. Casi todas sus calles, empedradas, son rampas que bajan desde la falda de la montaña hasta la costa. Pasamos por la plaza principal, en el centro unas luces en forma de árbol de navidad nos recuerdan que estamos en enero. Son las 6 de la tarde, llegamos a nuestro hotel, el Blue Bell. Es un hotel bastante básico, pero correcto. Por aquí no hay lujos. Damos un paseo por el pueblo, que parece muy tranquilo. Hacemos algunas compras para los próximos días y nos vamos a descansar.
Este relato forma parte de nuestro viaje a Cabo Verde. Un viaje de una semana durante la que visitamos la isla de Santo Antão. Allí, además de conocer la isla, hicimos actividades en la naturaleza como trekkings y barranquismo.
Este es el itinerario de nuestro viaje: