Para esta mañana teníamos preparada una excursión en 4x4 por la zona centro de la isla. Resulta que el único policía del pueblo, ayer decidió pedir los papeles a los dueños de algunos coches, y el del 4x4 que habíamos reservado no los tenía en regla, por lo que el coche está inmovilizado. La organización aquí resulta complicada, porque cosas como estas son habituales. La puntualidad tampoco es algo que los isleños tengan muy en cuenta, por eso lo mejor es tener paciencia y pensar que estamos de vacaciones. Al final, Eduardo ha encontrado un taxista al que no le importa meter su van por esa zona, así es que problema resuelto.
Vamos a Ribeira Grande y desde allí tomamos la carretera que cruza la isla. Vamos subiendo por una zona que se llama Corda, hasta que llegamos a un tramo al que llaman el “delgadín”. Es un tramo corto en el que la estrecha carretera de adoquines tiene a derecha e izquierda dos grandes barrancos. Paramos para verlo y tenemos la suerte de observar el mar de nubes. Las nubes quedan muy por debajo de donde nos encontramos, y vistas desde arriba parecen un mar de espuma blanca.
Continuamos y pasamos por Espongeiro. Nuestra siguiente parada la hacemos para ver la caldera de un antiguo volcán. Se puede distinguir claramente el círculo montañoso que la rodea, y en el centro un gran terreno llano que los habitantes utilizan para el cultivo. Es el único terreno llano que hemos visto hasta ahora. Vamos por un camino que rodea el profundo cráter. Hay buenos senderos para hacer trekkings por esta zona. Finalmente volvemos a Espongeiro.
Tomamos una carretera que se desvía hacia la derecha. Esta carretera se adentra en la zona de Lagoa, zona central de la isla. En seguida el paisaje se vuelve árido, sin apenas vegetación. Tras recorrer unos kilómetros comenzamos a ver como algunas casas salpican el paisaje. Son construcciones muy básicas, algunos son chozos.
Hacemos paradas en lugares donde se agrupan tres o cuatro casas. Poco a poco nos vamos percatando de la realidad de esta zona de la isla, donde la gente vive de una forma muy básica. Sus casas, los escasos cultivos, sus ropas... nos dan una idea de lo duro que debe ser vivir por aquí. Paramos en un punto donde hay un grupo de gente. Casi todos son niños que recogen agua de una fuente. Acarrean los bidones de agua ayudados por burros o simplemente sobre sus cabezas. Cerca hay una capilla y unas casas de construcción algo más modernas, que nos explican han sido construidas por ONGs.
Después de descansar y observar durante un rato, damos la vuelta y volvemos a Espongeiro. Ha sido interesante ver cómo vive la gente por aquí. Durante el camino de vuelta vamos haciendo paradas en las zonas con mejores paisajes, y así llegamos a Ponta do Sol para comer.
Por la tarde vamos a Ribera da Torre. Es un pueblo pequeñito situado en un bonito valle. Para llegar hasta él vamos por una carretera que a medida que se va adentrando en el valle se va convirtiendo en camino. De repente el camino se convierte en un río. En esta época del año, las lluvias permiten al rio recuperar su cauce habitual, que discurre por el camino. En ese punto dejamos el coche y continuamos a pie.
Vamos por un camino que serpentea para ir subiendo poco a poco. Si miramos al fondo del valle, podemos ver como una gran “aguja” de roca anaranjada parece indicar el punto más profundo.
Plataneros con grandes piñas de plátanos, plantas de papiro con sus verdes hojas, cañas de azúcar coronadas con sus “mechones” amarillos, pequeños huertos cuidadosamente canalizados... adornan el suelo y las laderas del valle. Y entre tanta vegetación asoman los tejados de algunas casitas, que se suponen que son el pueblo al que nos dirigimos.
Cuando llegamos a Ribera da Torre el sol ya está escondiéndose detrás de las altas montañas. Deshacemos nuestro camino observando como la luz del ocaso pinta el paisaje con nuevas tonalidades.
Regresamos a Ponta do Sol. Aprovechamos lo que queda de tarde para comprar regalos y algo de grog, bebida que destilan de forma artesanal aquí en la isla.
Vamos por un camino que serpentea para ir subiendo poco a poco. Si miramos al fondo del valle, podemos ver como una gran “aguja” de roca anaranjada parece indicar el punto más profundo.
Este relato forma parte de nuestro viaje a Cabo Verde. Un viaje de una semana durante la que visitamos la isla de Santo Antão. Allí, además de conocer la isla, hicimos actividades en la naturaleza como trekkings y barranquismo.
Este es el itinerario de nuestro viaje: